
El programa de necesidades planteado por los clientes responde al de una familia de 3 miembros, que progresivamente irá sufriendo cambios en los hábitos y costumbres de los mismos. El reto consistía en dar respuesta a las distintas necesidades que cada uno de los miembros tenía, tanto en aspectos de ocio como laborales o de estilo de vida, al mismo tiempo que desarrollábamos una vivienda con la menor cantidad posible de espacios cerrados y compartimentados.
La vivienda se puede subdividir en tres niveles, el Semisótano dedicado a servicios, la Planta Baja con un carácter público y que se abre a la parcela que la rodea por distintos puntos y la Planta Alta, destinada a espacios de carácter más privativos. Inicialmente, cada nivel se ha tratado con un material de distinta naturaleza, el hormigón color gris visto para el semisótano, el monocapa de color blanco para la Planta Baja y un revestimiento de panel baquelizado de PRODEMA de color marrón claro para la Planta Alta.
Los niveles se comunican entre sí mediante distintas zonas de doble altura que recorren la vivienda. Estos juegos espaciales nos permiten fluir de un ambiente a otro de un modo amable, facilitándonos la percepción de los espacios que van a sucederse a través de las dobles alturas, las perspectivas insinuadas, los ángulos de visión forzados y los guiños a los materiales que van a definir los otros ambientes.
El volumen se integra con el terreno aprovechando la diferencia de cota de casi dos metros que existe con la parcela posterior identificando el muro de contención del terreno con los propios de la vivienda.
Exteriormente, los materiales definen claramente cada nivel, aunque de un modo un tanto caprichoso, en ocasiones, continúan en las otras plantas. Intentamos crear un dialogo entro los materiales que ayuda a entender mejor el concepto de continuidad y fluidez espacial que ha marcado todo el proceso creativo y compositivo de esta vivienda, desde los primeros esbozos, hasta la elección de los materiales.
En definitiva, partimos de tres niveles distintos, que acotan usos bien diferenciados. Los volúmenes que definen cada nivel se abrazan, se mezclan, permitiendo que los materiales se prolonguen de uno a otro y contagien cada espacio con la naturaleza de los adyacentes. Es en esta interrelación entre espacios de distinto uso, donde proponemos los “vacíos” o dobles altura, tratando la frontera entre volúmenes como zonas de comunicación espacial, visual y sensitiva, que acaban originando inevitablemente la fluidez en el recorrido; la sensación de espacio global a través de contenedores distintos.
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